Gran Premio de Brasil
18 oct 09. La carrera brasileña sobre el vetusto pero todavía único circuito de José Carlos Pace deparó, como viene siendo habitual, emociones y espectáculo a partes iguales. Ya desde la salida, siempre peliaguda, se sucedieron los primeros incidentes. Barrichello defendió bien su primera posición, mientras que Räikkönen se tocaba con Sutil para hacerse con la tercera.
Muchos problemas para Mark Webber a la hora de defender su segundo lugar en la primera frenada, pero mayores complicaciones incluso para Kovalainen que, tocado por Vettel, hacía un trompo obligando a Fisichella a salirse de la pista.
Traspasada la primera ese del trazado, la recta de las tribunas se presenta como una oportunidad a los primeros adelantamientos, sobre todo en la frenada del Lago. Ahí lo intentó Räikkönen sobre Mark Webber, pero el australiano defendió agresivamente el interior. Kimi no pudo frenar a tiempo y dañó su alerón delantero. Pedro de la Rosa aseguraba durante la retransmisión que Mark Webber y el debutante Kobayashi merecían una penalización por sus respectivas maniobras defensivas frente a Räikkönen y Nakajima.
Pero no era la primera vez que un piloto hacía tal maniobra.
En 2002, Michael Schumacher defendió su primera posición en la salida exactamente en el mismo lugar y exactamente de la misma manera: zigzagueando por toda la pista, lo que provocó el choque con Montoya y la rotura del alerón delantero de su Williams. Michael tomó la recta por su derecha, luego cruzó la pista hasta el extremo izquierdo (hasta la misma línea blanca) para retomar a la parte derecha en la frenada.
No hubo penalización para el alemán, por lo que tampoco cabía esperarla ahora contra Webber ni contra Kobayashi. Y así fue. Se trató de una maniobra de carrera más, como el toque entre Trulli y Sutil, que provocó un impresionante y extremadamente largo accidente que, de carambola, acabó también con la carrera de Fernando Alonso.
Trulli intentó adelantar al Force India por el exterior de la salida de la curva del Lago, sobre el mismo bordillo. El Toyota se desequilibró al retomar el asfalto, provocando una sacudida tan violenta que Jarno no la pudo controlar. En el trompo, el Toyota impactó violentamente contra el Force India, sacándolo de la pista por el lado opuesto.
Trulli se estrelló contra el muro, mientras que Sutil recorrió toda la escapatoria de hierba sin poder frenar. Con el coche dañado y fuera de control, regresó a la pista justo cuando por ahí pasaba el Renault de Fernando Alonso, que no pudo evitarle. El choque no hirió a nadie, pero provocó un monumental e injustificado enfado de Trulli contra Sutil que, perplejo, trataba de dialogar con él, pero sin conseguirlo. Imágenes que casi recuerdan a la pelea entre Nelson Piquet (padre) y Eliseo Salazar en el Gran Premio de Alemania de 1982, sobre el antiguo Hockenheim. Esta vez, afortunadamente, no hubo ni puñetazos ni patadas.
El coche de seguridad y las entradas a boxes de Räikkönen (para cambiar el alerón destrozado) y de Kovalainen (para cambiar de estrategia), no sirvieron para calmar los excitados nervios: el encargado del repostaje de McLaren le dio la salida a Heikki antes de tiempo, cuando la manguera aún estaba enganchada, y éste se la llevó puesta derramando litros de combustible. El caliente motor del Ferrari de Kimi (que salía justo por detrás) hizo el resto: la bocanada de fuego puso los pelos de punta, pero afortunadamente se extinguió por sí misma. Fueron los mecánicos de Brawn GP los que desengancharon la manguera colgante de Heikki, en medio de una confusión absoluta.
El coche de seguridad permaneció en pista más tiempo de lo necesario (siguiendo la política de la FIA que, a la primera de cambio, le ordena neutralizar la carrera).
Cuatro vueltas más tarde, Barrichello reinició la carrera sin problemas. Por detrás, los adelantamientos y las luchas fueron preciosos. La primera, la de Kubica sobre Rosberg a final de la recta principal. Justo después se inició la genial remontada de Jenson Button, dispuesto a alzarse con el título mundial antes de que el fin de semana terminase.
El espectacular accidente de Nakajima al final de la frenada del Lago marcó el inicio de la segunda parte de la carrera. El piloto de BMW-Sauber trataba de adelantar a Kobayashi, que salía de los garajes. Pero el de Toyota volvió a defender su posición cerrándose por el interior. No se lo esperaba Nakajima, que rompió el alerón, se salió de la pista, chocó contra los guardarraíles, regresó a la pista y, finalmente, se estrelló contra los neumáticos de la escapatoria.
Sería muy fácil echarle la culpa al de Toyota, pero como dijimos antes, maniobras similares no tuvieron penalización en el pasado, y sería un flaco favor para el espectáculo penalizar por una defensa tan apasionada de la posición, pues tampoco se puede demostrar tajantemente su ilegalidad. De hecho, Barrichello hizo lo mismo vueltas más tarde, en plena lucha por el podio, cuando arrinconó a Hamilton contra el muro de los garajes. Lewis dañó el alerón delantero de su McLaren, pero la peor parte se la llevó Rubens, que sufrió un pequeño pinchazo por el que tuvo que entrar a cambiar la rueda. Es una maniobra típica en Fórmula 1 sin antecedentes claros de sanciones.
En cualquier caso, sin comerlo ni beberlo, el brasileño pasó de liderar cómodamente la carrera de su casa a caer al octavo lugar. Lewis, por su parte, sonreía de oreja a oreja al verse en el podio tras salir decimoséptimo, lo que le valió a McLaren para adelantar a Ferrari en el mundial de constructores, uno de sus principales objetivos.
El año que viene, sin duda, tendrán mucho que decir desde la primera carrera.
Button, (sí, Button) campeón del mundo
La carrera, desde este punto, perdió gran parte de interés. Tan sólo el espectacular adelantamiento de Kobayashi nada más y nada menos que al Ferrari de Fisichella (por la novena posición) a sólo cinco vueltas de la bandera de cuadros, animó los últimos compases de la prueba. Las últimas paradas para repostar y reordenar la clasificación fueron un mérito trámite según pasaban las vueltas: Mark Webber primero, Kubica segundo, Hamilton tercero, Vettel cuarto y Button quinto.
Un quinto lugar que le valió el campeonato mundial. De hecho, aunque hubiera abandonado, matemáticamente también habría sido campeón mundial.
Era la quinta vez que el mundial lo decidía el asfalto del autódromo José Carlos Pace, y las cámaras, los flashes, los micrófonos y los periodistas obviaron a Mark Webber y buscaron por todo el paddock al exultante Jenson Button, flamante y nuevo campeón mundial. Incluso poca atención se prestó a la televisión gigante que por primera vez presidía el fondo del podio mostrando anuncios de patrocinadores cambiantes. La rueda de prensa postcarrera quedó en el olvido.
Y es que puede que Button sólo se haya subido al podio una vez en las últimas nueve carreras, pero sigue siendo (y lo será al final de la temporada) el que más grandes premios ha ganado este año. Además, como dice Fernando Alonso, es campeón del mundo el que logra más puntos. Y así será, siempre y cuando Ecclestone no se empeñe en lo contrario.
Fuente: TheF1.com